Mientras tanto, en señal de rebeldía, Raquel se escapa de casa, comenzando un viaje por Latinoamérica, mandando cartas a Luisa cada dos semanas, sobre las aventuras que tenía. A veces, gracias a la buena voluntad de varios amigos y conocidos, le llegaban encomiendas, a las que Raquel refería que serían "adornos para su casa, una vez decida asentar cabeza". Desde piezas de cobre hasta pinturas de diferentes artistas, Luisa los almacenaba y los cuidaba como si fueran suyos, secretamente deseando, haber vivido las experiencias que tenía su hermana y poder conocer el mundo.
Con este deseo oculto, decide preguntar a su esposo si hubiera la posibilidad de viajar de vacaciones antes de que el bebé nazca, sin embargo, el misterioso trabajo de su esposo, no le permitía estar fuera del pueblo, según lo que el le aseguraba.
Esta fue la primera vez que empieza a cuestionarse sobre el oficio de su marido, pero la juventud ingenua y las comodidades nublan su juicio y al cabo de unos días se olvida del tema.
Los meses van pasando, y la actitud de su esposo se va tornando violenta, los cambios de humor más frecuente y el descontento se convierte en pan de cada día, desde el desayuno hasta la cena. Pasan los meses, y ahora Luisa es madre de Fernando, su primogénito, ella siempre quiso ser madre, pero ¿y sus sueños y ambiciones?, ¿dónde hay espacio en el trabajo de 24 horas que toma ser madre para el sueño de ser periodista?.
Baby siempre pendiente de ella, la visita frecuentemente, pero esta vez con la noticia de que pudo ingresar a la universidad, a la facultad de comunicación para cumplir el sueño que ambas tenían, y convertirse en periodista. Luisa empieza con dudas sobre las decisiones que tomo, y decide comentar con su esposo la decisión de retomar las riendas de su vida e intentar cumplir su sueño. Luego de meses de discusiones, su esposo acepta, y ella empieza la labor titánica de mezclar estudios con maternidad.
Los años pasan, y el estudio se vuelve pesado, con un marido celoso y posesivo, un niño de 3 años, los problemas en el hogar se vuelven más frecuentes. El carácter de su esposo había cambiado radicalmente, convirtiéndose en un hombre alcohólico, violento y celoso, con escenas frecuentes de violencia doméstica, incluso llegando a encerrarla para que no acuda a su clases, Luisa empieza a darse cuenta que su libertad ya no le pertenece.
Influenciada por las opiniones de Baby, y por la reciente llegada de su hermana, se infunde de valor para amenazar a su marido con dejarlo, y continuar su vida sin el, desgraciadamente esto termina siendo la escena de violencia más fuerte que tendría en su vida.
Lo curioso con el ser humano, es que la humillación, el maltrato y las frecuentes violaciones logran quebrar en un punto el espíritu, logran romper el alma, logran moldear los deseos de otros en nosotros, abandonando la idea de escape, para solo convertirnos en vasijas sin contenido. Luisa ya no podía dejarlo, se hizo dependiente de él, se acostumbro al maltrato, incluso cuando ella descubre el negocio ilegal en el que estaba involucrado. Poco a poco fue dejando la facultad, pues ya no tenía deseos de luchar.
Los años pasan, dentro de poco, ella va notando que su esposo, para felicidad suya, ya no llegaba a casa, y que la rutina de maltratos había cesado. Sólo llegaba a su hogar, de mal humor, consumía la comida de turno y se marchaba. Ella lo intuía, conocía esa sensación familiar, sabía que era engañada pero no tenía indicios de la tercera parte involucrada. Sin embargo, en esta situación extraña, ella era feliz.
Los meses van pasando, y la actitud de su esposo se va tornando violenta, los cambios de humor más frecuente y el descontento se convierte en pan de cada día, desde el desayuno hasta la cena. Pasan los meses, y ahora Luisa es madre de Fernando, su primogénito, ella siempre quiso ser madre, pero ¿y sus sueños y ambiciones?, ¿dónde hay espacio en el trabajo de 24 horas que toma ser madre para el sueño de ser periodista?.
Baby siempre pendiente de ella, la visita frecuentemente, pero esta vez con la noticia de que pudo ingresar a la universidad, a la facultad de comunicación para cumplir el sueño que ambas tenían, y convertirse en periodista. Luisa empieza con dudas sobre las decisiones que tomo, y decide comentar con su esposo la decisión de retomar las riendas de su vida e intentar cumplir su sueño. Luego de meses de discusiones, su esposo acepta, y ella empieza la labor titánica de mezclar estudios con maternidad.
Los años pasan, y el estudio se vuelve pesado, con un marido celoso y posesivo, un niño de 3 años, los problemas en el hogar se vuelven más frecuentes. El carácter de su esposo había cambiado radicalmente, convirtiéndose en un hombre alcohólico, violento y celoso, con escenas frecuentes de violencia doméstica, incluso llegando a encerrarla para que no acuda a su clases, Luisa empieza a darse cuenta que su libertad ya no le pertenece.
Influenciada por las opiniones de Baby, y por la reciente llegada de su hermana, se infunde de valor para amenazar a su marido con dejarlo, y continuar su vida sin el, desgraciadamente esto termina siendo la escena de violencia más fuerte que tendría en su vida.
Lo curioso con el ser humano, es que la humillación, el maltrato y las frecuentes violaciones logran quebrar en un punto el espíritu, logran romper el alma, logran moldear los deseos de otros en nosotros, abandonando la idea de escape, para solo convertirnos en vasijas sin contenido. Luisa ya no podía dejarlo, se hizo dependiente de él, se acostumbro al maltrato, incluso cuando ella descubre el negocio ilegal en el que estaba involucrado. Poco a poco fue dejando la facultad, pues ya no tenía deseos de luchar.
Los años pasan, dentro de poco, ella va notando que su esposo, para felicidad suya, ya no llegaba a casa, y que la rutina de maltratos había cesado. Sólo llegaba a su hogar, de mal humor, consumía la comida de turno y se marchaba. Ella lo intuía, conocía esa sensación familiar, sabía que era engañada pero no tenía indicios de la tercera parte involucrada. Sin embargo, en esta situación extraña, ella era feliz.

