Y creo que el mejor trasfondo de alguien son sus progenitores. Esta entrada va dedica a la historia de mi madre.
Para contarles estas historias, les iré dejando canciones que acompañen con la trama que iré describiendo.
Para situarnos en la vida de Luisa, debemos entender el contexto social en el que vivió, en una Santa Cruz, Bolivia, a mediados de los '50, un pueblo pequeño, con muy pocos ingresos, pero tierra fértil, con ganas de crecer. Ella nació en el seno de una familia de recursos limitados, viene de una madre que era enfermera, que en sus ratos libres gustaba como cualquier mortal, el dulce sabor del licor, y de un padre que había dejado la vida de militar para ser comerciante.
Esto nos deja la idea del tipo de educación que recibió, en una época en la que Bolivia estaba regido por el pensamiento machista, recibiendo una educación rígida y conservadora por parte de su padre, y heredar las responsabilidades del hogar a temprana edad, por parte de su madre.
Ella, junto con su hermana Raquel, con una diferencia de edad de dos años, viven un momento crucial en la historia de Santa Cruz, ya que en esta época comenzaría el despegue económico de este pequeño pueblo, para convertirse en ciudad.
Empezando el intercambio comercial mediante ferrocarriles hacia Brasil y Argentina, las ideas del voto popular, y de la voz femenina se alzaban entre la juventud de esa época, lo cual influenció en gran medida a nuestras dos protagonistas.
Raquel, con una personalidad más bohemia, más liberal, con las responsabilidades recortadas por el carácter sumiso de Luisa, la convierten en un foco de atención desde temprana edad, sin desmerecer que ambas hermanas tenían el sobre nombre de "Las Chocas de la Florida", por el aspecto rubio y la tez blanca de ambas.
Muy al contrario de Luisa, que al ser la hermana mayor, tomo las responsabilidades de la figura materna a muy corta edad, por la agitada vida que llevaba su progenitora, y por los cortos lapsos de tiempo que pasaba con su padre, que ha pesar que eran cortos entre sus viajes comerciales, ella los disfrutaba.
La ausencia de ambas figuras, les dio libertades a ambas hermanas, que formó el carácter de una manera diferente para cada una de ellas. En un pueblo donde la educación era limitada y los libros escasean la mejor manera de estudiar en este ambiente era conseguir alguna amiga de clase alta, que tenga los libros para eso. Ambas entablan una amistad con Baby, una niña procedente de una familia de clase alta, hija única, bastante retraída socialmente. La relación con las hermanas se volvió algo reciproco para Baby, ella prestaba sus libros y estudiaba con "las chocas" y ellas le enseñaban a ser menos cohibida.
Con el tiempo, Baby entabla una amistad más profunda con Luisa, convirtiéndose en mejores amigas, ambas despertando un deseo amplio por la lectura, y la búsqueda de la verdad, se pusieron como objetivo el convertirse en periodistas.
Lo curioso, es que la vida nunca juega las cartas que quieres en el momento indicado. Debido a los viajes frecuentes de su padre, a los horarios agitados de su madre, sucede lo inevitable en un pueblo pequeño, y la infidelidad cobra su primera víctima en esta historia. Cansado por el alcoholismo de una esposa a la cual veía muy poco, usa esto como excusa para serle infiel con su socia comercial, despidiéndose de sus hijas y abandonándolas.
Los días pasan, y se empiezan a convertir en meses, sin que Luisa reciba noticias de su padre, siendo el alcoholismo de su madre, lo que reinaba su casa, convirtiéndola en un desfile de desconocidos, con el miedo de que pueda ocurrirle algo a su madre, a ella o a su hermana.
La noticia no tardo en llegar a oídos de su padre, que en un acto feroz, acude a su antiguo hogar, llevándose a ambas hermanas, con las posesiones materiales que pudieron tomar a su paso. Mientras la madre, condenaba con insultos y maldiciones a sus dos hijas y a su ex esposo. Las niñas se despiden de ella con lagrimas en los ojos, y con las palabras de su padre diciéndoles: "Discúlpenla, es el alcohol el que habla por ella, en realidad, ella las ama a las dos". Ese día quedo muy marcado en la memoria de Luisa, pues fue la primera de muchas veces en la que ella sentiría el rechazo de su madre a las acciones que ella cometiera.
Los años pasaban, Luisa y Raquel seguían con sus estudios, pero también empezaron a entablar una amistad con su madrastra, quien les enseña el negocio de su nueva familia, el comercio. El negocio era el siguiente, traer alimentos o vestimentas desde Brasil o Argentina, venderla en la feria del pueblo al doble del precio, y buscar formas en la que su tienda resalte.
Todo marchaba muy bien en la vida de ambas hermanas, vivían en un hogar tranquilo, trabajaban para mantenerse, estudiaban para superarse. Al cabo de tres años, reciben la noticia de que su madre había intentado suicidarse, que el alcoholismo había tomado gran parte de su vida, que su carrera como enfermera había fracasado y que las deudas la tenían ahogada junto con el rencor.
Ambas deciden que es momento de regresa, retornan a casa a sus 16 y 14 años respectivamente, solo para encontrar a una mujer amargada, con pocas ganas de continuar su vida. Poco a poco se van reintegrando a su antigua casa, poco a poco van haciendo suyo su barrio nuevamente, ya siendo jóvenes, logran atraer las miradas de los hombres del barrio, los cuales no perdieron su tiempo intentando cortejarla.
La madre de todos los vicios es la ociosidad, y en un pueblo que estaba abriéndose al mundo, a pasos gigantes, trae consigo las malas costumbres de las ciudades grandes, trae consigo el mayor de los males de nuestra sociedad, trae consigo las drogas y el mercado ilegal que gira en torno a ellas.
Ingresa un nuevo vecino al barrio, un hombre mayor, simpático y bastante misterioso con su pasado, que por su forma de vestir y actuar, le gustaba pavonearse despilfarrando dinero. Bastante llamativo para un barrio de clase media baja, estas acciones no dejan de llamar la atención de las mujeres de la zona. Teniendo una casa hipotecada por el banco, deudas con los vecinos, y dos hijas adolescentes que criar, sin el apoyo de un esposo, decide la madre la niñas, probar su suerte con este hombre. El cual solo acepta, al quedar cautivado al ver a Luisa.
El hombre, acostumbrado a obtener todo lo que quería, le ofrece a la madre de las niñas un trato, el se encargaría de pagar la hipoteca, de pagar las deudas y darle un trabajo a ella, si le daba la mano de una de sus hijas en matrimonio. La mujer sin pensarlo dos veces, acepta, vendiendo así a su hija sin remordimiento alguno, obligando a Luisa a casarse con un desconocido.
La madre de Luisa, hostiga a su hija, con castigos severos, divulgando rumores sobre ella, sobre su honra, buscando artimañas para que ella logre acceder a casarse, obviamente, sin explicar el trato que había hecho. Luego de meses de castigos y torturas, el hombre se acerca a visitar a Luisa, mientras esta lloraba en la calle. A lo que le menciona, que ya su reputación estaba por los suelos, que lo único que podía salvarla de ese mundo era el. En la desesperación, en la tristeza, en el desamor de una familia rota, en la cabeza de ella, esta proposición dejo de sonar a una locura, y empezó a tornar matices de una posible realidad, que en la ingenuidad de la juventud, no piensa en las consecuencias de una de las primeras grandes decisiones de su vida. Aceptando, finalmente, la proposición del extraño.
La noticia no tardo en llegar a oídos de su padre, que en un acto feroz, acude a su antiguo hogar, llevándose a ambas hermanas, con las posesiones materiales que pudieron tomar a su paso. Mientras la madre, condenaba con insultos y maldiciones a sus dos hijas y a su ex esposo. Las niñas se despiden de ella con lagrimas en los ojos, y con las palabras de su padre diciéndoles: "Discúlpenla, es el alcohol el que habla por ella, en realidad, ella las ama a las dos". Ese día quedo muy marcado en la memoria de Luisa, pues fue la primera de muchas veces en la que ella sentiría el rechazo de su madre a las acciones que ella cometiera.
Los años pasaban, Luisa y Raquel seguían con sus estudios, pero también empezaron a entablar una amistad con su madrastra, quien les enseña el negocio de su nueva familia, el comercio. El negocio era el siguiente, traer alimentos o vestimentas desde Brasil o Argentina, venderla en la feria del pueblo al doble del precio, y buscar formas en la que su tienda resalte.
Todo marchaba muy bien en la vida de ambas hermanas, vivían en un hogar tranquilo, trabajaban para mantenerse, estudiaban para superarse. Al cabo de tres años, reciben la noticia de que su madre había intentado suicidarse, que el alcoholismo había tomado gran parte de su vida, que su carrera como enfermera había fracasado y que las deudas la tenían ahogada junto con el rencor.
Ambas deciden que es momento de regresa, retornan a casa a sus 16 y 14 años respectivamente, solo para encontrar a una mujer amargada, con pocas ganas de continuar su vida. Poco a poco se van reintegrando a su antigua casa, poco a poco van haciendo suyo su barrio nuevamente, ya siendo jóvenes, logran atraer las miradas de los hombres del barrio, los cuales no perdieron su tiempo intentando cortejarla.
La madre de todos los vicios es la ociosidad, y en un pueblo que estaba abriéndose al mundo, a pasos gigantes, trae consigo las malas costumbres de las ciudades grandes, trae consigo el mayor de los males de nuestra sociedad, trae consigo las drogas y el mercado ilegal que gira en torno a ellas.
Ingresa un nuevo vecino al barrio, un hombre mayor, simpático y bastante misterioso con su pasado, que por su forma de vestir y actuar, le gustaba pavonearse despilfarrando dinero. Bastante llamativo para un barrio de clase media baja, estas acciones no dejan de llamar la atención de las mujeres de la zona. Teniendo una casa hipotecada por el banco, deudas con los vecinos, y dos hijas adolescentes que criar, sin el apoyo de un esposo, decide la madre la niñas, probar su suerte con este hombre. El cual solo acepta, al quedar cautivado al ver a Luisa.
El hombre, acostumbrado a obtener todo lo que quería, le ofrece a la madre de las niñas un trato, el se encargaría de pagar la hipoteca, de pagar las deudas y darle un trabajo a ella, si le daba la mano de una de sus hijas en matrimonio. La mujer sin pensarlo dos veces, acepta, vendiendo así a su hija sin remordimiento alguno, obligando a Luisa a casarse con un desconocido.
La madre de Luisa, hostiga a su hija, con castigos severos, divulgando rumores sobre ella, sobre su honra, buscando artimañas para que ella logre acceder a casarse, obviamente, sin explicar el trato que había hecho. Luego de meses de castigos y torturas, el hombre se acerca a visitar a Luisa, mientras esta lloraba en la calle. A lo que le menciona, que ya su reputación estaba por los suelos, que lo único que podía salvarla de ese mundo era el. En la desesperación, en la tristeza, en el desamor de una familia rota, en la cabeza de ella, esta proposición dejo de sonar a una locura, y empezó a tornar matices de una posible realidad, que en la ingenuidad de la juventud, no piensa en las consecuencias de una de las primeras grandes decisiones de su vida. Aceptando, finalmente, la proposición del extraño.

No hay comentarios:
Publicar un comentario