Son las 7 a.m. en mi ciudad,
debo llegar temprano a la facultad, me espera un día largo.
Me baño, me visto, desayuno y lo primero que
guardo antes de salir son mis auriculares.
Espero, llevo 18 años esperando por este día. Es el primero de muchos, me digo, el primer día en que daré un paso en mi vida profesional.
Subo al bus, y veo caras familiares, que dejaron de serlo en el último año de secundaria, pero comparten la misma ansiedad que poseo en este momento.
Queda un asiento libre, me aproximo, ocupo mi lugar y conecto mis auriculares, que junto con la música que tanto amo me llevan a reflexiones solo conseguidas por los griegos que contemplaban las hermosas polis de Atenas, que en nuestra época, pensamientos que solo florecen el asiento de un bus.
Recordar aquellos años en los que iba acompañado de una mujer increíble, cuyos cabellos ahora son de color plata, pero que sigue teniendo la misma sonrisa cuando voy a visitarla,
ella me enseño tantas cosas en ese mismo asiento: a ser responsable de mis acciones, a no juzgar a las personas por las suyas, a no guardar rencor por las ofensas, y sobre todo a perdonar viendo siempre el lado bueno de mis semejantes...
Hoy en día me cuestiono si esta última lección valió la pena ser aprendida.. si en vez de perdonar hubiera sido mejor aprender a olvidar, en fin, solo el tiempo lo dirá..
Son las 8 a.m. en mi ciudad, desconecto mis auriculares, bajo del vehículo, y al pisar el suelo, vuelvo a mi realidad..

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